CORALES AMAZÓNICOS: UN ECOSISTEMA ÚNICO PERO AMENAZADO

Los arrecifes de coral recientemente descubiertos en la desembocadura del río Amazonas, contrastan con las condiciones ideales esperadas para su sobrevivencia y albergan muchas especies, incluso algunas aún desconocidas para la ciencia. Sin embargo, su sobrevivencia puede estar amenazada por la explotación petrolífera en la región.

Hace poco más de un año, un grupo de casi 40 profesionales entre investigadores, técnicos y alumnos de posgrado divulgó en la revista Science la existencia de un área de coral en la desembocadura del río Amazonas, con una extensión de más de 700 km desde la frontera de Brasil con la Guayana Francesa, hasta el Marañón Brasilero. Aunque en 1975 y 1977 se había hablado sobre la existencia de ese ecosistema, sólo recientemente hubo una caracterización oceanográfica y estimativas de su biodiversidad. En las expediciones realizadas entre 2010 y 2014, se estimaba que el área ocupada por ese coral era de aproximadamente 9,5 mil km². Después de la última expedición (febrero de este año), los investigadores creen que el coral ocupa una región cuatro veces mayor a la que se pensaba, llegando a más de 200 m de profundidad.

Los corales son animales invertebrados (sin columna vertebral ni cráneo) que usan el carbonato de calcio disuelto en el agua para formar un esqueleto calcáreo debajo de sus tejidos. Los corales son fundamentales para la formación de los llamados arrecifes de coral, que son substratos rocosos donde se adhieren muchos organismos. Estos sitios albergan una alta diversidad de especies (peces, tortugas, estrellas de mar, erizos, entre otros) que los usan como alimento y refugio.

Los corales presentan una relación simbiótica con algas microscópicas conocidas como zooxantelas, que le proporcionan alimento mientras reciben protección y nutrientes. Debido a que la luz solar es necesaria para la producción de alimento por parte de las microalgas, los corales son encontrados comúnmente ambientes con elevada incidencia de luz (aguas claras). El descubrimiento de los corales en la desembocadura del río Amazonas es inusitada, porque esa zona presenta la mezcla de agua dulce y salada, y mucho sedimento proveniente del río que disminuye la disponibilidad de luz y altera la salinidad y el pH. Para los investigadores, ese ambiente era considerado inviable para la existencia de corales, que además son más comunes en aguas poco profundas y calientes.

Los corales de la desembocadura del río Amazonas albergan especies en peligro de extinción y especies aun no descritas por la ciencia. Este ambiente presenta una gran concentración de rodolitos (conjunto de algas rojas calcáreas) que absorben el carbono diluido en el agua para producir carbonato de calcio y construir su esqueleto. Con ese proceso, los rodolitos ayudan a retirar el carbono de la atmósfera que ha sido acumulado en el fondo del mar por miles de años, contribuyendo al balance climático del planeta. Además, existen indicios de que la asociación de rodolitos, corales y esponjas funcionan como un corredor de biodiversidad, que permite el tránsito de especies entre el caribe y el Atlántico. Sin duda, es un ambiente único y digno de ser preservado. En el segundo semestre de este año, los investigadores realizarán nuevos mapas de la región, para la colecta de más muestras y determinar las especies que existen en el sitio.

Sin embargo, esta región está amenazada por la explotación de petróleo por parte de una empresa francesa. La empresa tiene la concesión para la explotación de cinco zonas, una de las cuales se encuentra a 8 km de los corales amazónicos. Científicos, asociaciones de pescadores y agrupaciones indígenas locales, junto a organizaciones nacionales e internacionales gestionan la protección de esa área. El Ministerio Público Federal de Amapá (Brasil) solicitó junto al Instituto Brasilero del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) la suspensión de las operaciones de explotación petrolera en la zona, y exige estudios de impacto de las actividades de la empresa. La petición tuvo en cuenta el levantamiento llevado a cabo por los investigadores y los datos colectados en la expedición realizada a inicios del año. Así, el Ibama solicitó el aplazamiento de las operaciones, hasta que las empresas involucradas presenten nuevos estudios ambientales que consideren la presencia de los corales. La empresa francesa también presenta problemas en su país, debido a que la Ministra de Medio Ambiente y Energía de Francia se pronunció en contra de la explotación de petróleo en la región de corales, demostrando incluso, interés en transformar la región costera amazónica en patrimonio de la humanidad.

Es la ciencia haciendo su papel, instigando a los órganos públicos y organizaciones civiles a repensar las formas de hacer políticas públicas en pro de la sociedad y del ambiente. Sin embargo, falta mucho para el desenlace de esa historia. A inicios del mes, hubo una reunión en la Comisión Brasilera de Medio Ambiente (CMA) entre senadores, técnicos y representantes de las petroleras para debatir las perspectivas de explotación en la región. Aún hay mucha lucha por delante: se necesita mayor financiamiento para investigaciones en la región y más participación de la comunidad civil y política para garantizar que los corales amazónicos sean protegidos de accidentes ambientales. La conservación de este ambiente tan peculiar es indispensable para el mantenimiento de la biodiversidad de los océanos y su destrucción puede desencadenar problemas económicos y sociales, para las comunidades que dependen de los recursos marinos. Esa realidad puede afectar a las poblaciones ribereñas y agrupamientos indígenas a lo largo del río Amazonas. Debido a que la región costera de Brasil, la Guayana y el Caribe están conectadas por el corredor de biodiversidad formado por los arrecifes de coral, impactos ambientales en esa región pueden afectar la biodiversidad de varios países.