Elliot Abrams: brevísima biografía de un criminal de guerra con misión en Venezuela

Por Máximo Relti

 

Elliott Abrams, el delegado de Estados Unidos para la crisis en Venezuela, volvió a reiterar a principios de esta semana que si las autoridades venezolanas osaran detener al autodenominado “presidente encargado”, Juan Guaidó, el gobierno estadounidense “actuaría de manera fulminante”.“Los dirigentes oficialistas -amenazó Abrams– están contemplando encarcelar a Guaidó. Hay que destacar que hay más de 54 países que respaldan al presidente interino de Venezuela, y reaccionaremos de manera fulminante“.

Aseguró que en los próximos días se conocerán más sanciones y revocaciones de visas a otros dirigentes oficialistas y sus aliados.

“Estados Unidos tomará más medidas en beneficio del pueblo de Venezuela; tenemos un compromiso establecido con la lucha por la democracia con sanciones muy importantes”, 

Quién es Elliott Abrams

 Pero ¿quién es este extraño personaje, relativamente desconocido para el gran público, que se atreve a realizar este tipo de amenazas a un pais soberano?. Elliott Abrams nació en el año 1948, en el seno de una familia judía neoyorquina. Como sucede frecuentemente con los vástagos más despiertos de la clase dirigente estadounidense, – y, particularmente, si pertenecen a su clan sionista – Elliott Abrams se tituló en la Universidad de Harvard en 1969, alcanzando posteriormente el grado de “maestro en relaciones internacionales” en la acreditada London School of Economics.

Abrams es, además, un arquetipo de las inapreciables diferencias existentes en los Estados Unidos entre republicanos y demócratas. Empezó trabajando en 1975, como consejero ayudante del Partido Demócrata en el Senado. Pero en 1980 dio un giro a su carrera política poniéndose en cuerpo y alma al servicio del candidato ultraderechista Ronald Reagan, en las elecciones de 1980. A partir de entonces, el hoy delegado del gobierno de Trump para los “asuntos venezolanos” se convirtió en el “más malvado asesor del gobierno reaganista”, según llegaron opinar por aquellos días políticos pertenecientes al Partido Republicano.

Venezuela no es en absoluto un país desconocido para Abrams. Ya en abril del año 2002, durante la intentona golpista contra el presidente Chávez, según informó entonces el periódico británico “The Observer”, destacados miembros del gobierno de EEUU, presidido en aquellos días por George W. Bush, estuvieron vinculados con esta operación destinada a acabar con el chavismo. Elliott Abrams se encontraba entre aquellos funcionarios. El periódico citado informó que los golpistas, incluido el empresario Carmona que formalmente fue el títere que encabezó del golpe, se reunieron periódicamente durante meses con los miembros de Casa Blanca encargados de la operación. Abrams no faltaba a estas convocatorias.

“El personaje crucial en torno al golpe fue Abrams, que paradójicamente opera en la Casa Blanca como director del Consejo de Seguridad Nacional para la democracia, derechos humanos y operaciones internacionales”dijo “The Observer” por aquellos días.

Pero el plan para derrocar a Chávez fracaso. Unos pocos meses después de aquella tentativa fallida, Abrams fue nombrado por Bush director de Oriente Medio y Norte de África en el Consejo de Seguridad Nacional. Desde ese puesto Abrams defendió y participó en los planes previos que conducirían a la invasión de Irak de 2003. La invasión norteamericana no sólo derrocó a Sadam Husein, sino que además acabó  con la vida de 1 millón de iraquíes.

OPERACIONES EN NICARAGUA Y EL SALVADOR

Sin embargo, la biografía criminal de Abrams es mucho más extensa. Estuvo igualmente implicado en el escándalo conocido con el nombre de “Irán-Contra”, que puso al descubierto la venta ilegal de armas a Irán por parte del gobierno de los Estados Unidos. Los beneficios de esas transacciones con armamentos, contabilizadas en muchos millones de dólares, fueron utilizados después para financiar a la guerrilla de “la contra” que los Estados Unidos, con la decisiva participación de Elliott Abrams, había organizado en Nicaragua para terminar con el gobierno sandinista.

Abrams fue condenado por mentir al Congreso de los Estados Unidos en 1991 sobre ese tema. Como era de esperar, recibió el indulto dell presidente George Bush senior. Conviene recordar que por aquellas operaciones injerencistas, el gobierno de Estados Unidos fue condenado por el Tribunal Internacional de Justicia acusado de intromisión en los asuntos internos de Nicaragua y violación de la soberanía de ese país. Una condena, naturalmente, que no mereció la consideración que a este tipo de asuntos suele otorgarle los medios de comunicación occidentales.

Pero la carrera de este criminal de guerra no comenzó ni acabó en Nicaragua.

En diciembre de 1981, un batallón de élite del Ejército salvadoreño, apoyado y financiado por EEUU, cometió una horrible masacre en la población de El Mozote asesinando “deliberada y sistemáticamente” a centenares de civiles, hombres, mujeres y niños, en una presunta operación de contrainsurgencia. El informe de “La Comisión de la Verdad” de El Salvador de 1993 testimonió que en El Mozote se identificaron 500 víctimas, pero “muchas otras no han sido identificadas”.

Sin embargo, para Abrams Elliott las cosas no habían sucedido como las contó la “Comisión de la Verdad”. Manifestó ante el Congreso de su país que las informaciones de centenares de muertos no eran creíbles”, calificándolas de simple “propaganda comunista”.

“El batallón de élite al que usted se refiere ha sido elogiado en varias ocasiones por su profesionalismo y por la estructura de mando y control cercano en que las tropas se mantienen cuando entran en batalla”, declaró Abrams entonces.  

Transcurridos algunos años, el sionista Elliott Abrams acabaría reconociendo que la política norteamericana en El Salvador había sido un “logro fabuloso”.

Este es, pues, el hombre en cuyas manos el presidente Trump ha depositado ahora la tarea de acabar con el gobierno bolivariano de Venezuela. Vale la pena recordar a nuestros lectores que el bluff de Cúcuta y el ataque eléctrico sufrido estos días por los venezolanos son apenas pequeñísimas muestras del penoso calvario trazado por los estrategas de Washington para este país caribeño. Sólo la organización del propio pueblo venezolano y la solidaridad internacional que desde fuera presten las organizaciones políticas interesadas en la preservación de la soberanía de los pueblos, podrán poner una tregua a estos siniestros planes, uno de cuyos principales diseñadores ha sido, precisamente, Elliott Abrams.