Entrevista a Frei Betto, teólogo, filósofo, antropólogo y escritor

“El socialismo es el nombre político del amor”
Por Javier Larraín
Frei Betto nació en Minas Gerais, Brasil, en 1944, y siendo joven estudió periodismo, se hizo fraile dominico, colaboró con la guerrilla de la Acción Libertadora Nacional – fundada por Carlos Marighella–, cayó preso durante la dictadura y, una vez liberado, se adentró en las favelas, para vivir con los pobres el Evangelio de Jesús.Teólogo, filósofo, antropólogo y escritor, es autor de 64 libros. Además fue asesor en materia eclesial de numerosos Gobiernos socialistas, al tiempo que cultivó durante más de tres décadas una estrecha relación de amistad con el comunista cubano Fidel Castro. Actualmente oficia de educador y asesor de movimientos pastorales y populares, y para hablar de la contingencia regional Correo del Alba le comunicó, accediendo generosamente Betto a responder nuestras preguntas.

¿Qué ocurre con los procesos progresistas que no logran cautivar al electorado latinoamericano? ¿Cuáles han sido los límites de sus proyectos y de su poder?

Más allá de la ofensiva de la derecha en nivel mundial, sobre todo por el control de las redes digitales, hay factores subjetivos que explican las derrotas electorales, como ha ocurrido en Brasil, Argentina, Ecuador y, ahora, en El Salvador.

Nuestros gobiernos progresistas han promovidos avances importantes, como reducir la desigualdad social, garantizar la defensa del medio ambiente, proteger los derechos humanos, priorizar los servicios de salud y educación, y tantas otras conquistas. Sin embargo, hemos cometido algunos equívocos: no hicimos alfabetización política del pueblo, creamos en la nación una mentalidad de consumismo y no de protagonismo social y político, confiamos demasiado en los commodities y no tratamos de fomentar el mercado interno, tampoco hemos valorado y fortalecido los movimientos populares, entre otras cosas.

¿Cree que hay una contraofensiva derechista global? En caso afirmativo, ¿por qué se produce?

Sí, hay una contraofensiva mundial. Para mí las causas son: el desencanto con los partidos políticos, la corrupción gubernamental, el uso intensivo de las redes digitales para difundir fake news y campañas para desacreditar a la izquierda y a los progresistas, la manipulación de la religión dentro del marco del moralismo (homofobia, machismo, prejuicios con extranjeros, negros e indígenas), entre otras.

En el último lustro, la intelectualidad instauró un debate en torno al “ciclo progresista” en nuestro subcontinente. ¿Cree que la historia pueda evaluarse en términos de “ciclos”?

Sí, parece que los “ciclos” se confirman, a pesar de que no se les puede considerar como una fatalidad.

¿Cuáles son las deudas pendientes en materia ideológica, filosófica y política de los gobiernos progresistas, nacionalistas y de izquierdas de los últimos años?

Las deudas pendientes son muchas. Nosotros, izquierda y progresistas, no hemos sido radicalmente éticos, y no siempre hemos sancionado a nuestros compañeros comprobadamente involucrados en actos de corrupción. No tratamos de organizar políticamente a los sectores pobres beneficiados con nuestras políticas sociales. No hemos sabido trabajar bien con los medios de comunicación de masas, en especial en la Internet.

Igualmente, muchas veces cambiamos un proyecto de país por un proyecto de poder. Vencer en las elecciones se tornó más importante que cambiar las estructuras arcaicas de nuestros países.

¿Qué temas deben ser ineludibles para cualquier proceso emancipador que se defina a sí mismo como anticapitalista?

Primero, fortalecer la democracia a través de la valorización de los movimientos populares, ambientales, de defensa de los derechos humanos. Segundo, tener el coraje de implementar iniciativas de economía solidaria, cooperativas, del Buen Vivir.

Igualmente, priorizar el acceso de la gente a bienes sociales (salud, educación, vivienda, transporte, trabajo, saneamiento) y no a los bienes personales (celulares, carros, fogón, televisor, entre otros).

¿Por qué le resulta más fácil aparentemente reciclarse al capitalismo que al socialismo?

Porque el socialismo está demonizado por la cultura predominante en la sociedad neoliberal. No se puede olvidar que el modo de pensar de una sociedad es generalmente el modo de pensar de la clase que domina esta sociedad. Y el capitalismo corresponde a lo más fuerte en nosotros: el egoísmo. Él prioriza la competencia, y no la solidaridad; la apropiación privada de la riqueza, y no compartir los bienes; los placeres, y no los derechos. En cambio, el socialismo es el nombre político del amor. La humanidad no tiene futuro fuera del socialismo, cuyos valores están más cerca del Evangelio de Jesús.

¿Cuál es el valor de la Revolución bolivariana? ¿Cuál sería el costo de su caída para el conjunto de las fuerzas de izquierda de este lado del mundo?

Sería una grave derrota más para quienes creemos en la Revolución bolivariana. Y, claro, los pobres siempre pagan las cuentas de nuestros fracasos.

Llevándolo a su país, ¿por qué ganó Jair Bolsonaro?

Ganó Bolsonaro por la ola antipetista que se creó, sobre todo por la vía de las redes digitales, ganó por la movilización de las iglesias neopentecostales conservadoras, mientras las iglesias Católica y protestantes no hicieron –como aquellas– trabajo de base popular, ganó porque se victimizó después de la cuchillada y no participó de los debates electorales, ganó por la incapacidad de los progresistas de hacerse una autocrítica y sancionar con rigor a los corruptos.

¿Cuál es el balance que hace del primer mes de gestión de Bolsonaro?

En este primer mes de gobierno, todo se parece a una casa de locos, con ministros diciendo los más increíbles disparates y con una evidente falta de rumbo. Además, las denuncias de corrupción del hijo de Bolsonaro han desmoralizado el discurso ético que como candidato hacía. El desmoronamiento del Gobierno es tan grande que, en este momento, no hace falta oposición.

¿Cuál es el papel que juega América Latina en el mundo?

Somos el continente más desigual del mundo. Pero tenemos muchas riquezas naturales y espirituales que no se encuentran en otras partes del planeta, como el bioma amazónico y la mezcla entre indígenas, negros y blancos. Y aquí, a pesar de todo, hay algo que ya no se halla en otros continentes: esperanza.

¿Qué es ser de izquierda hoy? ¿Qué características humanas deben tener las y los sujetos revolucionarios?

Según Norberto Bobbio, son de izquierda todos los que se indignan frente a la desigualdad social. Y son de derecha todos los que creen natural la desigualdad social.

Los sujetos revolucionarios tienen que tener al menos dos características: vincularse a los pobres y mantener una rigorosa postura ética. Fuera de eso, sufrimos desmoralización.

¿Se puede ser de izquierda y promover ideales emancipatorios sin ser anticapitalistas?

Quien promueve ideales emancipatorios acaba por ser anticapitalista. No hay posibilidad de emancipación dentro del capitalismo.

En su 60 aniversario, ¿cuáles cree que son los aportes y enseñanzas fundamentales que ha dejado la Revolución cubana?

La Revolución cubana nos enseña que hay que dejar al pueblo gobernar, y no gobernar para el pueblo. Y hacer una autocrítica constante, que en Cuba tuvo diferentes nombres: emulación, lineamentos, rectificación, entre otros.

¿Por qué EE.UU. no invade Cuba, como hizo con Irak y Afganistán? Porque aprendió en Vietnam que puede echar a abajo un gobierno, pero jamás a un pueblo.

Por último, quisiera pedirle se exprese sobre Hugo Chávez Frías.

Un líder del mismo rango de Bolívar y Fidel.