Intervención política y militar. La ficción democrática en Europa y Estados Unidos

Por Eduardo Paz Rada*

La dominación imperialista acompañada de la estrategia de colonización mental e intelectual, de una historia de sometimiento y dependencia y de la propaganda y publicidad de las poderosas transnacionales de los medios de comunicación han posicionado la idea de que la democracia liberal existente en los países de Europa Occidental y Norteamérica representan un modelo a seguir por todos los países del orbe, cuando lo que realmente existe es una ficción democrática porque es la plutocracia internacional de los grandes grupos financieros, industriales, mediáticos y comerciales y las elites de las potencias capitalistas los que deciden los destinos de la humanidad y los pueblos.

Si bien es cierto que las luchas de los pueblos, de los trabajadores, de las mujeres y de las fuerzas revolucionarias y progresistas europeos y norteamericanos han conseguido importantes avances en la formación de una sociedad más justa y equilibrada con instituciones democráticas a lo largo de los siglos XIX y XX, también es cierto que en las últimas décadas de capitalismo salvaje neoliberal se han producido retrocesos enormes y peligrosos, acordes con la crisis que afecta a los trabajadores, a los marginados, a los jubilados, a los pobres y a los migrantes.

Junto a la exportación de productos industriales, la colonización metropolitana ha exportado sus ideas y sus instituciones, entre ellas una democracia ajena las realidades de los pueblos del Tercer Mundo, en tanto que las oligarquías locales gozaban del control político “democrático” excluyendo a las mayorías marginadas, mujeres, analfabetos, indios y pobres.

Crisis económica y crisis democrática

Las causas de las crisis económica y política son propias de la lógica capitalista, sin embargo corresponde destacar que uno de los factores determinantes está en las luchas de liberación nacional y en las revoluciones nacionalistas de los pueblos del Tercer Mundo, primero en la post segunda guerra mundial (los años cincuenta del pasado siglo) y después, en los años que corren del siglo XXI, reduciendo la transferencia de riquezas naturales y recursos económicos hacia las metrópolis y agudizando las contradicciones internas. La emergencia económica y la competencia de China, India o Rusia también influyen en la descomposición capitalista occidental.

Señales claras de esta situación de ficción democrática se presentaron cuando los ciudadanos de varios países de Europa mayoritariamente rechazaron, desde la década de 1990 y los años dos mil, en referéndum o consultas populares, la constitución de la Unión Europea con el Tratado de Maastricht y luego su decisión fue sustituida por las elites económicas y políticas. Son los casos de Dinamarca, Holanda, Francia e Irlanda y, en el caso de Grecia, la imposición de decisiones de austeridad cuando el pueblo la rechazó.

Otro es el caso del referéndum de Inglaterra, la de la monarquía constitucional, por el cual la población decidió salir de la Unión Europea con el Brexit y que, sin embargo, se realizan maniobras de todo tipo para interferir esa decisión que demuestra como los poderosos utilizan una serie de ardides para defender los intereses imperiales. De igual manera en el caso de Francia donde los chalecos amarillos demandan democracia, participación y mínimo bienestar y el poder se los niega rotundamente.

En el caso de Estados Unidos está el hecho de que Donald Trump perdió en la votación de los ciudadanos en 2016, sin embargo se convierte en presidente de Estados Unidos y defiende los intereses de las grandes corporaciones del poder militar, petrolero, industrial, comercial y financiero y persigue y denigra a los pueblos asiáticos, árabes, africanos y latinoamericanos.

Intervención militar y política

A nombre de la democracia, que las elites y los poderosos de las potencias occidentales no practican, éstas llevan adelante acciones de intervención militar y política violenta y descarada. Muchos son los casos y los más recientes son los de Irak, Irán y Siria en Medio Oriente, Libia, Chad, Malí, Costa de Marfil o Congo en África, Corea del Norte en Asia y Cuba, Granada o Panamá en América Latina.

En la actualidad es también a nombre de esa democracia de ficción que pretenden las potencias imperialistas imponer un fantoche como presidente de Venezuela, solamente porque Venezuela defiende su soberanía y su dignidad, su petróleo y sus recursos naturales y porque ha impulsado bajo el pensamiento bolivariano y chavista la unidad y la integración de América Latina y el Caribe para convertir a la región en una potencia mundial que tenga capacidad de decisión en el cuadro geopolítico mundial.

*Eduardo Paz Rada. Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.