Japón (y Fukushima) en 2019

Por Seiko Nishikawa y Miguel Muñiz

El pasado 7 de marzo la edición electrónica de “El País” publicaba en lugar destacado un artículo un tanto insólito, titulado La vida se abre paso en el ecosistema radiactivo de Chernóbil, contenía un resumen de estudios publicados con un denominador común: la abundancia y el renacimiento de la fauna salvaje en la zona de exclusión, un artículo que conviene leer con detalle e interpretar su sentido. El tono globalmente positivo se cerraba con una conclusión era explícita: “Que la vida sobreviva a un desastre nuclear nos puede parecer increíble. Pero así funcionan las especies: sobreviven a base de ensayo y error.” (1), no es necesario mucho sentido crítico para comprender que un artículo de este tipo, publicado cuatro días antes del octavo aniversario del inicio de la catástrofe de Fukushima, no era una casualidad.

La estrategia de la normalización dicta todo lo relacionado con la energía nuclear desde que Fukushima acabó con la fantasía política del renacimiento iniciado en 2001. Se trata de algo compleja basado en directivas claras de la industria. Una de ellas es el silencio selectivo. Nada de referirse a los informes científicos anteriores a 2011, aquellos que avisaban del peligro de tsunamis, del incremento en la frecuencia e intensidad de los terremotos, que denunciaban las irregularidades de TEPCO (la compañía propietaria de los reactores), las deficiencias de las centrales y los silencios cómplices de los gobiernos y los denominados organismos reguladores, simples entidades de apariencia independiente pero copadas por representantes de la industria nuclear. Nada se menciona o, como más, queda reducido a simples anécdotas. Fukushima se integra en los daños provocados por el terremoto y tsunami, como cualquier industria, incluso TEPCO adquiere la condición de victima.

La normalización impone que la escasa ayuda económica que se proporcionaba a los considerados evacuados voluntarios, es decir, aquellas personas que huyeron de la radiación por decisión propia, sea suprimida, lo que se hizo en 2017. Esa ayuda estaba dedicada en su mayor parte a reducir el pago del alquiler de una vivienda. El gobierno fijó zonas consideradas exentas de peligro y presionó para que se regresara. La supresión de la ayuda forzó a muchas personas a volver a pueblos que aún están contaminados, y las que no quisieron volver, que se calculan en unas 32.000, desaparecieron de las estadísticas de víctimas de desastre nuclear.

Hasta 2015 la zona de evacuación venía determinada por pautas de distancia hasta la central. Pero a partir de ese año el gobierno puso en marcha una política de revisión de zonas en función del nivel legal de contaminación: 20mSv/año. Bajo la denominación de descontaminación, se fue reduciendo la zona de evacuación poco a poco, pueblo por pueblo, con lo que, paralelamente, se reducían de las estadísticas de personas evacuadas (2).

Al amparo de la declaración de Emergencia Nuclear de 2011, que continúa vigente, se desarrolló una política de fiscalidad que ha permitido a los gobiernos locales disponer de abundantes fondos, y lanzarse a reconstruir (o construir) parques, escuelas y centro cívicos, con lo que impera el negocio inmobiliario mientras la población queda al margen. Un ejemplo se da en el municipio de Iidate, desclasificado como zona de evacuación en marzo de 2017, solo ha regresado un 20% de sus habitantes, mayoritariamente ancianos; pero incluso antes de ser desclasificado ya se construyó un centro social valorado en 7 millones de euros y, para los escasos niños y niñas que han regresado, se está levantando un conjunto escolar de 0 a 15 años, con un presupuesto de 45 millones de euros. La parte de la escuela que ya funciona, la que cubre la etapa de 0 a 5 años, fue inaugurada en abril de 2018. A ella asisten 27 niñas y niños, que se desplazan desde fuera del municipio en autocar. El desplazamiento, alimentación, material escolar y uniformes son gratuitos (3).

En eso consiste la normalización; el gobierno de la prefectura de Fukushima ha hecho público su objetivo: que en 2020, coincidiendo con el inicio de los Juegos Olímpicos de Japón todos los habitantes evacuados figuren como retornados a sus tierras. Si son fantasmas, no pasará nada. Lo importante son las estadísticas (4).

La normalización excluye la muerte, el otro gran tema tabú. Oficialmente nadie murió en el accidente nuclear. Los más de 1600 muertos de la prefectura de Fukushima, incluyendo los dos operadores encontrados dentro de la sala de control de la central, figuran como víctimas del terremoto y el tsunami. Las más de 2.250 personas muertas en la prefectura en los meses posteriores al siniestro, también se clasifican como víctimas del terremoto y el tsunami, no hay referencia al accidente nuclear

Masao Yoshida, director de la central cuando se inició la catástrofe, la persona que asumió el trabajo de contención desde el día del terremoto hasta noviembre de 2011, falleció en septiembre de 2013 de cáncer de esófago. Aunque la dosis acumulada en su cuerpo era de 70mSv, TEPCO sostiene que el cáncer que padeció no tiene relación con el accidente, sino con el enorme estrés que padeció.

Cada día, unos 6.000 trabajadores viajan a la central destrozada para realizar trabajos de acondicionamiento. Desde 2011, veinte de esos trabajadores han muerto; TEPCO nunca ha aceptado que la causa de su muerte tuviese relación con la exposición radiactiva. Aquellos que mueren o caen en enfermos, en su casa o en cualquier lugar fuera de la central, no figuran en la lista de víctimas laborales. Además, TEPCO, simplemente, no hace seguimiento sanitario a muchos trabajadores de las contratas, que no considera empleados directos suyos.

Es casi imposible obtener estudios de incidencia de las radiaciones en la salud. En junio de 2018 se publicó un documento del servicio de gestión de salud de Fukushima sobre los cambios que provocaban en la salud mental la percepción del riesgo de efectos de la radiación sobre la salud del organismo (5). La ausencia de estudios sobre incidencia de las radiaciones en enfermedades de la población infantil y juvenil es otro tema más que añadir a los tabues que impone la normalización. La ausencia de datos fue denunciada en enero de 2018 por Etsuji Watanabe, miembro del grupo ACSIR (Asociación de ciudadanos y científicos preocupados por las exposiciones a la radiación interna) (6).

La alimentación es otro de los ámbitos en que predomina la desinformación o el silencio, se han realizado promociones de alimentos de Fukushima, o de pescado capturado en aguas en las proximidades de la central destruida, como una manera de romper la reticencia de muchos paises a consumirlos. La presión en Japón para consumir productos de Fukushima como muestra de solidaridad con los agricultores de la región se inició ya en 2015, pero desde hace un tiempo se proyecta al exterior. De manera discreta la diplomacia japonesa maniobra para que se suprima la prohibición de Taiwan de importar alimentos de Japón (7), mientras la Federación Nacional de Asociaciones de Cooperativas Agrícolas informó el 10 de enero que ha conseguido reemprender la exportación de arroz a China.

La pieza final en la política de normalización son los viajes recreativos, las rutas por Fukushima y otras zonas de Japón. En junio de 2018 se publicó una guía de viaje (9) que abordaba la cuestión de la radiación relativizando los riesgos. A partir de una pregunta genérica tipo “¿Cómo es de peligrosa la radiación en Japón?”, se llegaba a una serie de mensajes tranquilizadores sobre los niveles de radiactividad fijados por el gobierno, la seguridad de los alimentos, los vertidos de agua radiactiva, etc., para llegar a la conclusión de que viajar a Japón (sin acercarse demasiado a Fukushima) no era nada diferente de cualquier peligro normal. A esta campaña hay que añadir los cuidados montajes publicitarios que desde 2017 difunde la llamada Diamond Route Japan (9), centrados en tres prefecturas: Fukushima, Tochigi e Ibaraki, a las que atribuyen una experiencia extrema para el conocimiento de Japón.

Las políticas de normalización se intensificarán a medida que se acerquen los Juegos Olímpicos. Aunque las dificultades para reclutar voluntarios de apoyo parecen ser importantes (11).

Notas

(1) https://elpais.com/elpais/2019/02/27/ciencia/1551268669_559059.html

(2) https://www.pref.fukushima.lg.jp/site/portal-english/en03-08.html

(3) https://jisin.jp/domestic/1623719/

(4) “El plan de reconstrucción de Fukushima” publicado por la prefectura de Fukushima: Página 239 (6) 34: número de los evacuados, H31(Año Heisei 31, quiere decir 2020)

https://www.pref.fukushima.lg.jp/uploaded/attachment/185487.pdf

versión corta en inglés

https://www.pref.fukushima.lg.jp/uploaded/attachment/308297.pdf

(5) 10/06/2018 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6030686/ #

(6) https://www.dianuke.org/2018-fukushima-not-safe-japanese-govt-lying-world/

(7) 06/01/2019 https://www.japantimes.co.jp/news/2019/01/06/national/politics-diplomacy/taiwan-negotiating-japan-acceptable-solution-food-ban/

(8) 10/01/2019. Japan farming co-op federation to resume Niigata rice exports to China this month YOKOHAMA – The National Federation of Agricultural Cooperative Associations (JA Zen-Noh) will resume sales of rice produced in Niigata Prefecture to China later this month after a break of nearly eight years.
https://www.japantimes.co.jp/news/2019/01/10/business/japan-farming-co-op-federation-resume-niigata-rice-exports-china-month/#.XG8BBY2CHxg

(9) https://www.worldnomads.com/travel-safety/eastern-asia/japan/how-dangerous-is-the-radiation-in-japan

(10) https://www.youtube.com/watch?v=3w41YHY3XrQ

(11) 23/02/2019. Disaster-hit Fukushima still short of volunteers for 2020 Games

https://www.japantimes.co.jp/news/2019/02/23/national/disaster-hit-fukushima-still-short-volunteers-2020-games/#.XH-t842CHxg