Las nuevas cartas del progresismo sudamericano

Por Fernando López Ariñez (*)

El ascenso de figuras como Alberto Fernández y Luis Arce Catacora puede pensarse que representan un cambio al interior de los movimientos progresistas de la región. El perfil más conciliador y pacificador de ambos podría estar mostrando una respuesta al desgaste de los liderazgos de Cristina Fernández de Kirchner y Evo Morales Ayma, como también una lectura a los nuevos tiempos políticos de una región atravesada por la radicalización de las fuerzas políticas conservadoras.

El surgimiento de Alberto Fernández no puede entenderse sin la derrota electoral frente a Mauricio Macri (2015) y la profunda revisión que ésta provocó al interior del peronismo. Como tampoco puede desentenderse de la constante persecución judicial (lawfare) a la que fue sometida la ex presidenta a través de la apertura de múltiples casos por supuesta corrupción, delito de “traición a la patria”, incluyendo la supuesta creación de una asociación ilícita que incluía a sus hijos Florencia y Máximo Kirchner. Todo el acoso judicial estuvo siempre acompañado del hostigamiento mediático del Grupo Clarín y de la proliferación de noticias falsas para procurar la completa anulación política de la ex presidenta.

La aparición de Luis Arce Catacora no fue diferente, su figura surge como respuesta al desgaste por la repostulación de Evo Morales Ayma y el posterior golpe de Estado (2019) que desembocó en el exilio del líder cocalero. El ascenso del gobierno de facto de Jeanine Añez trajo consigo una sistemática campaña para estigmatizar y fracturar al MAS-IPSP, como también iniciar la persecución judicial (lawfare) contra el expresidente Evo Morales Ayma mediante denuncias rimbombantes de corrupción, sedición y hasta terrorismo con el objetivo de anular su legado y las posibilidades electorales del MAS-IPSP.

Los años en el poder y el fuerte liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner y Evo Morales Ayma concluyen en una fuerte polarización en torno a sus figuras. Las frecuentes cadenas nacionales de Cristina o los discursos sindicales de Evo Morales en la televisión estatal terminaron convirtiéndose en tediosos y distantes para un público ajeno a estas presencias vistas como omnipotentes. La actitud insistente y combativa de ambos fue recolectando adeptos pero también profundos detractores, lo que fue percibido rápidamente por la derecha y los medios de comunicación que apuntaron a sus puntos débiles y licuaron la percepción positiva en espacios que alguna vez habían optado por ellos.

Cristina Fernández de Kirchner fue la primera en darse cuenta de su techo electoral. El silencio durante la gestión de Mauricio Macri y el acercamiento a figuras alejadas por vaivenes políticos de su gobierno, le permitieron percibir que solo con ella no alcanzaba. En ese contexto se produce el retorno de Alberto Fernández, ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner y de Cristina, pero distanciado de la última por diferencias con su gobierno. Alberto Fernández, de un perfil mucho más concertador y tolerante al interior de su partido y también al exterior del mismo, fue la figura elegida para encabezar la fórmula junto a Cristina Fernández de Kirchner, a propuesta de ella misma, que triunfaría en las elecciones de 2019, provocando así, el retorno de un peronismo unido y encolumnado detrás de una figura ecléctica.

El ejemplo argentino cobra relevancia el contexto boliviano ante la decisión de Evo Morales Ayma de postular una fórmula consensuada que incluya la dicotomía ciudad-campo, donde Luis Arce Catacora es elegido como candidato a presidente, acompañado del líder indígena y ex canciller David Choquehuanca a candidato a vicepresidente, como muestra de una rápida reconstrucción al interior del MAS-IPSP de cara a los próximos comicios electorales. La elección del que fuera ministro de Economía y Finanzas y uno de los artífices del milagro económico boliviano, intenta ser una muestra de acercamiento a las clases medias que alguna vez votaron por el MAS-IPSP. Luis Arce Catacora de perfil prudente y conciliador es la llave para salir del debate ético que impugnó a Evo y le permita al MAS-IPSP moverse en terrenos que siempre lo beneficiaron: la economía y la gestión pública.

Queda claro que la postulación de Alberto Fernández y Luis Arce Catacora son el resultado de aprendizajes y necesidades de un progresismo que debe ocupar un discurso diferente al del comienzo de siglo. La polarización a ultranza no se muestra como un camino redituable en un continente convulsionado por una derecha radicalizada y articulada que disputa la calle y las encuestas. Atrás quedaron los tiempos en los que Evo Morales consiguió el 67% o Cristina Fernández de Kirchner el 54%, hoy el progresismo debe bajar el perfil y apuntar a construir nuevas mayorías que le permitan consolidar gobiernos fuertes y viables, por lo que el recambio a liderazgos disímiles son oxígeno para movimientos políticos de gran arrastre.

El primer paso lo dio Alberto Fernández con una victoria impensada hace unos años, ahora será Luis Arce Catacora -a quienes las encuestas dan por favorito- quien tenga en su espalda la tarea de revertir todos los escollos de una derecha sedienta de revancha, pero incapaz de dar certidumbre a una sociedad boliviana movilizada por el golpe de Estado y necesitada de definir su futuro en las urnas. La historia absolvió a Cristina, ahora será el turno de Evo.

(*) Politólogo, militante Generación Evo (Bolivia) y colaborador de Comunes Internacional /

 

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