PLAN ECONÓMICO DE CARLOS MESA DISFRAZA AL NEOLIBERALISMO CON LA ECONOMIA DE COLORES

Con conceptos como economía verde, sustitución del patrón petróleo por energías limpias, el plan económico de Carlos Mesa disfraza el modelo neoliberal por una economía de colores y no ofrece nada nuevo para apuntalar la economía nacional.

Parten de una crítica al Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP) actual, indicando que profundizó el “modelo extractivista”, que está al servicio del capitalismo transnacional, luego conceptualizan de manera enredada su concepto de comunidad, sostienen que el objetivo de que Bolivia sea corazón energético de la región debe ser sustituida por una “estrategia realista”, sin “abandonar la idea de un aprovechamiento adecuado de los recursos” y sin “resolver antes la cultura rentista” con políticas públicas que estén en función del bien común.

Olvidan deliberadamente que con el modelo neoliberal hace más de 20 años, los mayores beneficiarios fueron las transnacionales que se llevaban el 82% de renta petrolera, que el índice de pobreza se ubicaba en 60% y que la exclusión social era una moneda corriente del modelo económico.

Al igual que los otros candidatos de oposición, el mesismo propone una disminución de los impuestos del IEHD, IDH y regalías a partir de la disminución del consumo de la energía generada a través de las termoeléctricas, situación que mermaría los ingresos de los municipios, gobernaciones e universidades, siendo estas las más golpeadas y sin decir explicar qué medidas se adoptarían al respecto.

Proponen “transparencia en las contrataciones” cuando Carlos Mesa no puede responder por los 1.2 millones de dólares que recibió por su candidatura el 2002 como vicepresidente de Goni, por los gastos reservados que cobró y por los 10 millones de dólares para su campaña.

Utiliza las ideas del “rentismo y despilfarro” como excusas para proponer la restitución del modelo neoliberal, al calificar la inversión pública en escuelas, bonos, empresas estatales y subvenciones como un despilfarro, para luego-como se hizo en el pasado- entregar las empresas estatales a manos privadas y cortar las subvenciones.

El plan no tuvo las repercusiones esperadas, ni los propios voceros de Comunidad Ciudadana la pusieron en agenda, aspecto que para muchos analistas revela la debilidad y la desilusión del candidato Mesa, que va en franco descenso en las encuestas.

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