UN DÍA, APAGANDO INCENDIOS EN LA CHIQUITANÍA

Experiencia de un voluntario en la tragedia forestal más grande de Bolivia.

Llegué el 2 de septiembre a Santa Cruz para ayudar a defender la Chiquitanía de los focos de calor que la afecta. Me siento con energía y con toda la predisposición para colaborar, pero un sentimiento de molestia me embarga al ver a mucha gente que sólo viene para lucir un traje de bombero en la plaza principal del municipio de Concepción y para sacarse una selfie.

Con el grupo fuimos al Comando Militar para enterarnos de la organización del operativo que se realizaría el 3 de septiembre. Al día siguiente la hora de despierto fue a las 5:00 am, la reunión de coordinación duró, por lo menos, hora y media donde se determinó atacar varios incendios ubicadas en localidades y poblaciones cercanas al municipio de Concepción.

Se estableció siete frentes de ataque, a nosotros nos tocó ir a Chaco – Lejo, nos informan que se atacará por aire, tierra y que debemos llegar a tiempo con las cuadrillas terrestres conformadas por 20 soldados y 20 bomberos voluntarios de U.U.B.R. Llenamos nuestras mochilas de agua más con un sentimiento de esperanza que con el líquido elemento que usaremos para aplacar los incendios.

Nos subimos a camionetas de diferentes instituciones y avanzamos por un camino de tierra, donde pudimos identificar varias propiedades, pajonales que arderían en un instante si son alcanzadas por las llamas. Seguimos por una senda desde donde vimos los Tajibos de colores: amarillo, violeta y blanco que ostentaban un gran tamaño.

Durante el trayecto, vimos que la zona es predominantemente ganadera y donde existe bastante explotación de madera. Ya es una hora de travesía y todavía no llegamos al campamento establecido, después de una media hora divisamos los focos de calor en medio de enormes árboles.

Bajamos de las camionetas y formamos como personas enlistadas en las Fuerzas Armadas de Bolivia, empezamos a cargar las mochilas con 20 litros de agua, alistamos las herramientas como: palas, mata fuegos, rastrillos, machetes, hachas especiales (pulaskis). En ese momento a lo lejos vimos la ayuda aérea con un helicóptero militar y su Bambi Bucket (bolsa donde se lleva agua).

Es momento de meternos al sendero y encontrarnos con el foco de calor, tuvimos que caminar por lo menos media hora más. Después de la caminata se empieza a escuchar como cruje la madera al consumirse con las llamas, el bombero líder empieza a distribuirnos en parejas y nos encarga que uno cuida del otro y que debemos trabajar en equipo.

Viendo la magnitud del incendio, nos pide que primero hagamos un cerco (apertura de una zanja) al fuego, un bloqueo frontal para que no avance del fuego y así reducir el alcance de las llamas. Las instrucciones fueron: “De lo que se vaya a quemar, nos indica qué debemos usar, como agua”.

En ese momento, llegó nuevamente la ayuda aérea y lanzó más de mil litros de agua sobre las llamas. El contacto del agua con el fuego generó una cortina de vapor que aparentemente resultó del apagado del foco de calor, pero la frustración se hizo presente porque el agua sólo se evaporó y las abrazadoras llamas que consumían a un enorme árbol caído continuaban.

Seguimos con la tarea, que incluye utilizar sierras mecánicas para cortar troncos caídos para que no generen algún desastre mayor. Ya es cerca del mediodía, necesitamos reabastecernos con agua tanto para beber como para apagar el fuego, retornamos al campamento y en ese instante llega una camioneta cargada con comida. “Todos al ataque, un delicioso majadito nos espera”, fue la instrucción.

Recargamos fuerza y volvimos al trabajo, en eso se acerca el jefe de la cuadrilla y nos invita hojas de coca, empezamos a acullicar para tener más fuerza y así entramos nuevamente al monte. Cuando volvimos al lugar de intervención nos topamos con una sorpresa desagradable, porque el fuego consumía un árbol que al inicio sólo humeaba y no tardó mucho para arder.

Por lo vivido, permítanme decir que por suerte pudimos contener el fuego gracias al esfuerzo de bomberos y militares que arriesgan su propia vida. Nos tocó hacer limpieza del terreno para evitar que hojas secas sirvan como vehículo para ampliar los focos de calor y así volver a vivir una tragedia forestal.

Gracias al trabajo aéreo, terrestre se logró contener y extinguir el fuego. Ya termina nuestra jornada, son casi las seis de la tarde y salimos del bosque, llegamos al comando con la misión cumplida. Nuestros soldados son recompensados con dos bolsas de leche y un descanso reparador.

Ya mañana será otro día y nos toca ir a otro lugar para coadyuvar en el apagado de incendios que atenta contra una parte de los pulmones del mundo. Ya se conoce las instrucciones, ahora la nueva intervención se realizará en horas de la noche.

CONTRAGOLPE/BOLIVIA

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